lunes. 28.11.2022

Dos años de Adlbi. Nada que celebrar

* Dos años de Adlbi, dos años de pesar, dos años sin nada
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Adlbi junto a Al Hinda, uno de sus más estrechos colaboradores

El 18 de julio de 2020 Ayman Adlbi fue elegido presidente de la  Comisión Islámica de España (CIE) por una Comisión Permanente atribulada por los acontecimientos y totalmente mediatizada por las circunstancias, sin más opciones que la de elegir “continuismo”, todo ello en un clima impregnado por esa contaminación crónica que desde su fundación aqueja a la CIE.

Los dos años de Adlbi son años malogrados, años perdidos.  Las detenciones de Adlbi y de su tesorero han supuesto un duro golpe a la credibilidad y a la imagen de la CIE, que sigue emperrada en mantener un posicionamiento marginal y de no participación en la vida de los ciudadanos musulmanes de España y en la vida de los españoles en general.

Nada que celebrar. Los dos años de Ayman Adlbi han sido estériles. Transcurridos dos años desde su nombramiento, no existe ningún dato que refleje avance. Todo ha ido a peor. Los  musulmanes de España siguen contemplativos ante una situación insoportable, y con una entidad impasible ante los muchos problemas que les aquejan.

Adlbi ha demostrado una manifiesta incapacidad a la hora de abordar cuestiones “pequeñas”. Lejos quedan las “Causas Célebres”: cementerios, matrimonios, enseñanza religiosa, orientación administrativa, asesoramiento, etc. Son causas pendientes desde hace treinta años, y a los que la CIE no hace frente de ninguna de las maneras.

En noviembre del año en curso se cumplen treinta años de la firma del Acuerdo del 92. Treinta años. Se dice pronto. Treinta años y sin nada, los musulmanes de España no tienen nada.

La CIE es un órgano islamófobo. Una entidad que pone freno a cualquier iniciativa, a cualquier idea. Tal vez impulsada por ese Estado profundo que prefiere tener un Islam español pobre en iniciativas y sin posibilidad de que avance en sus logros sociales, y que mejor que una CIE como la que había y como la que hay. El dinero es poderoso, sobre todo cuando se usa entre personas que viven estigmatizados por su origen y por su no pertenencia a una sociedad que les observa como inmigrantes y como simples extranjeros. En esos cultivos el dinero no necesita de  otros compuestos, se vale por sí mismo, y luce planta y flor, y se alza erguido y altivo entre tanta indiferencia y quietud. Es la CIE, un producto fallido e imperfecto, desleal y absolutamente entregado a las acequias de las subvenciones.

Adlbi ha demostrado que no sirve, que fue usado como paño caliente para una situación improvisada. Las sensaciones que deja Adlbi son decepcionantes. Y detrás de él toda esa cohorte de “subordinados inteligentes”, entre los que destaca su secretario general, persona estoica donde las haya, insensible en su conciencia,  "virtud" que transmite a sus  "abnegados y entregados" delegados que sitúa a su simple y libre criterio, sabedores que aplicando paciencia y servilismo llegarán los salarios prometidos y la encomienda de seguir haciendo nada. El resumen no puede ser peor.

Dos años de Adlbi. Nada que celebrar
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