lunes. 28.11.2022
LA POCA VERGÚENZA DE MUCHOS

El fiasco de la privatización del Eid al Adha

* De casi 5000 cabezas de ganado destinadas a  la festividad, apenas pasaron 200 por los mataderos móviles

* Los pocos que acudieron mostraron su malestar por la lentitud y falta de personal y una total ausencia de clima religioso a la hora de sacrificar los animales

* Los consumidores musulmanes muestran su indiferencia hacia un sistema y unas instalaciones que buscan usurparles sus tradiciones

 

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El atrezo que había preparado la Ciudad encomendándose a sus periódicos serviles y a su trama de leales e incondicionales servidores, se vino abajo como un castillo de naipes. De nada sirvió retorcer la legalidad para poner en manos de una adjudicataria un trofeo como la externalización absoluta de la festividad más importante del Islam. 

Lo ocurrido estos días no puede reproducirse en las tres ediciones siguientes. La adjudicación de esta licitación ha dejado en entredicho que el modelo de privatización no es el más adecuado; mucho menos, garantista. El Gobierno de Ceuta debe recular o rectificar asumiendo íntegramente su gestión. Los musulmanes ceutíes y su festividad no es un campo de pruebas, por mucho que se esfuercen en contrario quienes buscan oportunidades de negocio.

A pesar de las voces que mostraron su desacuerdo ante la externalización, el gobierno ha hecho  oídos sordos. Todo vaticinaba lo que finalmente ha sucedido: un absoluto desastre. Los ciudadanos dudaban de la necesidad y posible eficacia de la licitación. La desafección y desaprobación hacia el equipo de gobierno ha aumentado exponencialmente en los últimos días. La metodología seguida es una burla, una ofensa a los sentimientos religiosos de miles de ceutíes, que han visto cómo su festividad más importante ha sido tratada como simple pieza  experimental, como si de un conejillo de indias se tratara.

Todo estaba calculado. Todos los tiempos habían sido milimetrados para que no faltara de nada en términos legales. La trama organizativa estaba volcada en darle a quien había sido elegido como posible salvador de una situación que exasperaba a todo el equipo de gobierno, siendo la propia estrategia diseñada como prueba irrefutable de su manifiesta incapacidad para gestionar con pulcritud administrativa una celebración de tan alto calado como es el Eid al Adha. 

De este modo, y con días de antelación, ya se habían dispuesto los mataderos móviles, cuya fabricación e instalación se hizo en tiempo récord, eso dirán algunos, pero lo cierto es que resulta del todo imposible fabricar todos esos módulos sin la intercesión pasiva de la adjudicación previa. 

Habría sido mucho más provechoso para las arcas públicas un sólido programa de concienciación sobre bienestar animal y salud pública, así como un eficiente sistema de recogida de residuos, dejando que las familias sacrifiquen en sus casas como han venido haciéndolo toda una vida. Mucho dinero se habría ahorrado el Consistorio.

Una vez que ha quedado patente el desastre de la organización y exonerada cualquier revisión pública, alguien debería responder por tan alto dispendio y por tanta irresponsabilidad. La magnitud de la obsesión de la Ciudad por desprenderse de la organización y gestión del Eid al Adha es de proporciones enormes, conjugada esta con la frivolidad y la sed insaciable de unos grupos cuya única actividad conocida es la captación de posibles subvenciones, sin que importe razón, ética o moralidad de ningún tipo.

El fiasco de la organización y gestión de los servicios puestos en marcha por la Ciudad, con la ayuda inconfundible de unos periódicos que perdieron hace mucho tiempo su honra y dignidad, exige explicaciones inmediatas por parte de quienes tomaron tan infame decisión.

El fiasco de la privatización del Eid al Adha
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