lunes. 28.11.2022
SUBVENCIÓN A LAS CONFESIONES RELIGIOSAS

El Estado vuelve a regar con dinero una CIE marchita

* 433.130,51 euros públicos despilfarrados en la Comisión Islámica de España

* El día que la Administración se atreva a levantar el “velo” de la CIE y tirar del hilo, encontrará argumentos más que suficientes como para auditar su actividad desde el mismo momento en que fue creada

 

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La reciente aprobación del real decreto que regula las subvenciones a las confesiones religiosas minoritarias firmantes de acuerdos de cooperación con el Estado, vuelve a llenar las carcomidas arcas de la Comisión Islámica de España (CIE), insuflando oxígeno a su baldía existencia.

Supuestamente, como resultado de la firma de tales acuerdos, las federaciones firmantes asumían unas funciones de servicio a la comunidad que requerían de una estructura adecuada para hacer frente a sus obligaciones en materias que afectan al ejercicio de la libertad religiosa.

Como entidad encargada de gestionar la cooperación económica con estas entidades, la Fundación Pluralismo y Convivencia supervisará los proyectos presentados con aspiración a ser subvencionados, y cuya distribución parece responder al grado de implantación, número y alcance representativo de las entidades en funcionamiento inscritas en el Registro de Entidades Religiosas, así como a su presencia activa en la sociedad española.

Loable tendría a bien este real decreto, condicionar previamente la depuración del citado registro y examinar la existencia vital y no petrificada de muchas de estas entidades.

De concesión directa, las confesiones recibirán de buena gana la misma cuantía económica que la asignada para el año 2021: 1.170,623 euros a repartir entre la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE) con 526.780,35 euros, 210.712,14 euros para la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE) y 433.130,51 euros para la Comisión Islámica de España (CIE).

Serán subvencionables los gastos que de manera indubitada estén relacionados con la actividad objeto de la ayuda

Actividades de representación y negociación del derecho de libertad religiosa, prestación de apoyo, coordinación, asesoría legal, administrativa y fortalecimiento de las capacidades técnicas y organizativas las entidades religiosas, así como la formación de docentes y ministro de culto, y la promoción del diálogo interconfesional y social son los cometidos aptos para recibir dinero público, mas no pocos sabemos cuál será el destino final de estos fondos: el pago de las nóminas de los de siempre, servidos por un séquito de delegados y representantes sin paradero ni actividad declarada o conocida. 

Mientras la Administración continúa alimentando la ficticia noción de la CIE como valedora de la voz de los ciudadanos musulmanes en España, la realidad estampa una radiografía desoladora tras 30 años sin avances significativos.

Trágico resulta, a estas alturas, contar más cementerios para mascotas que para difuntos musulmanes;  el pesar de jóvenes que contraen matrimonio en los juzgados ante la imposibilidad de celebrar ceremonias nupciales religiosas con validez civil; alumnos sin acceso a la enseñanza religiosa por la desgana de buscar docentes; menores que se quedan con hambre en los comedores escolares ante la ausencia de actores que defiendan el menú halal, y adolescentes que sienten aversión a su condición femenina y religiosa ante la malversación de la interpretación religiosa que se proclama desde ciertos altares.

¿Hasta cuándo seguirá convencida la Administración de que la CIE es leal y fiel representante de los ciudadanos musulmanes en España?

La CIE vive de espaldas al conjunto de los musulmanes. Vive pensando en cómo conseguir que todo siga igual sin que nada cambie, pensando en sus propios miembros, en sus salarios, en sus prebendas, viviendo, en definitiva, para quienes viven de ella con el dinero que le da el Estado.

La CIE es un entramado feudal, no participativo, inclemente con quienes le exigen mayor responsabilidad, siempre ausente e indiferente con las necesidades de los ciudadanos musulmanes. Es gente que encontró un filón en la generosidad del Estado, brindándoles dinero y una vida sosegada y sin obligaciones.

Ejemplo de ello es la creciente desafección de la gente hacia ese rígido y frío aparato, lejano y ajeno a la vida de los demás. Las personas que han perdido la confianza en ella -si acaso alguna vez la depositaron- lidian sus derechos en los tribunales prescindiendo de ella, por no decir, tras decepcionarse con ella. 

La idílica imagen que dibuja la Administración respecto de la CIE se contradice con el mantenimiento de un órgano que ha cuestionado públicamente el sistema judicial y de seguridad atentando contra los principios básicos de nuestra democracia, y que aspira a enriquecerse con terrenos destinados a enterrar difuntos.

Es la CIE de la censura, la CIE de la sospecha de actividades ilícitas con sus miembros inmersos en procedimientos penales… la CIE de la vergüenza y el deshonor.

Esta subvención, en definitiva, no va a servir para mejorar las vidas de los musulmanes españoles, antes bien, servirá para alimentar y mantener a un grupo de personas que no han dado golpe en su vida, que no conocen la cultura del esfuerzo, que llegaron con una mano delante y otra detrás, y a las que ahora les vuelve a tocar la lotería en forma de subvención.

El día que la Administración se atreva a levantar el “velo” de la CIE y tirar del hilo, encontrará argumentos más que suficientes como para auditar su actividad desde el mismo momento en que fue creada.

Los miembros de la CIE no son servidores públicos, no son personas que piensen en los demás, no son valedores de ninguna causa, salvo la suya, que no es otra que sacarle los cuartos al Estado.

El Estado vuelve a regar con dinero una CIE marchita
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