miércoles. 06.07.2022
ANA MARÍA LOZANO, UNA HEROÍNA SOLITARIA

¿ERI? ¿Cuál?

* La decepción entre los musulmanes de España es cada vez mayor, propiciada por una CIE y unas federaciones egoístas y sedientas de subvenciones

* La herencia de treinta años de CIE y UCIDE no puede ser más desoladora

 

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La Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de la Región de Murcia (TSJMU) acaba de estimar el recurso de una mujer para que sus hijos puedan cursar la asignatura de enseñanza religiosa islámica, comúnmente conocida como ERI.

Lo que no dice la sentencia, normal que no lo haga, es a qué tipo de enseñanza religiosa se refiere. Habla de “religiosa islámica”, pero nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que aprenden y van a aprender todos aquellos infantes de padres musulmanes.

Los docentes de ERI necesitan cierto certificado de “aptitud” que emite a conveniencia la Comisión Islámica de España (CIE). Muchos de estos docentes no tienen dominio de la lengua árabe, ni hablada ni escrita y, a pesar de estas carencias, se les emite dicho documento para que puedan ocupar el puesto de profesor de ERI.  No existe ningún razonamiento que tenga como base el mérito, la capacidad y menos aún, publicidad, esta última siempre repudiada por los miembros de la CIE encargados de “elegir” a los afortunados para cubrir alguna plaza de ERI, un puesto que cotiza al alza y que soluciona en gran parte la vida de aquellos que lo obtienen.

Enseñar Islam no es nada fácil y más difícil aún educar en él. El Islam no es una materia cualquiera, tanto como que no puede ser puesto en manos de personas que no demuestran capacidad suficiente. Y esto es así, aunque habrá quienes no quieran aceptarlo.

Existe en torno a todo esto gran interés y egoísmo económico, así como una falta de control de conciencia entre todos aquellos que sabiéndose incapaces asumen la tarea de impartir clases de religión islámica. Son ellos quienes deberían asumir su condición de musulmanes para aceptar que no son adecuados para el puesto al que les han aupado quienes carecen de los mínimos principios de equidad y justicia, reconociendo que no reúnen las aptitudes exigidas por las más elementales normas del Islam en todo lo referido a enseñanza y educación.

Algunos/as profesores/as de ERI han reconocido que la única prueba a la que han sido sometidos es pronunciar la fatiha (sura de apertura del Corán), y encima por teléfono. Eso sí, si la candidata es mujer de la pregunta del hiyab no la libra nadie.

Después de 30 años de CIE y UCIDE aún sigue sin existir un protocolo pedagógico de enseñanza islámica en condiciones. Los profesores tienen que “buscarse la vida” para encontrar algún que otro libro que les haga más llevadera la asunción de responsabilidades ante los alumnos, pues los existentes, únicamente para primaria, huelen a tiempo caduco con más de dieciséis años a sus espaldas.

Es hora de que el Gobierno indague en todo este asunto. Y una de las cosas que deben cambiar es que el nombramiento de profesores de ERI lo realice una comisión independiente, en la que imperen los principios de igualdad, mérito, capacidad y publicidad.

La victoria de Murcia queda impregnada de cierto sabor agridulce cuando la realidad se aparece tal como es, que no es otra que la faz de una CIE falaz y de alma desalmada.

El ímpetu de Ana María Lozano debería hacer meditar a muchos, pero eso es como pedirle a una pared que hable.  Ninguna federación se ha hecho eco de la victoria de esta mujer, así como que tampoco han estado en sus horas de soledad. Solo están para recibir las subvenciones del Estado, como lo han ido haciendo año tras año, y van treinta.

La sentencia de Murcia ha hecho despertar a quienes viven de las subvenciones apresurándose a pedir cita con los responsables de educación en la Región de Murcia, pero lo hacen ahora, una vez conocida la sentencia. Antes no estuvieron, y ahora quieren estar para dar apariencia de algo que no existe.

En todo este asunto la reciprocidad debería ser la norma, es decir, si los profesores cobran, justo es que los alumnos obtengan conocimientos, tanto en materia religiosa como educativa en todos los órdenes de la vida.  Mas todo hace presagiar que no es así, lo que valida aquel refrán árabe que dice: “cuando dos se llevan bien es porque uno lleva más carga que el otro”; en este caso, la carga la llevan los alumnos, a ciencia cierta los menos favorecidos.

¿ERI? ¿Cuál?
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